Viajes

Visita a las Islas del Rosario

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Tras pasar un par de días en la bella Cartagena de Indias, el hecho de haber visitado gran parte de la ciudad y el tórrido clima que nos abrasaba hasta el atardecer, nos hizo pensar en buscar alguna alternativa algo más refrescante. La elección de tomar el tour a las Islas del Rosario demostró ser un gran acierto.


Nos reunieron a las 8 de la mañana en el muelle turístico. El tema de organizar los botes y demás se llevó con la típica flema colombiana. Las cosas tranquilitas, y hasta las 9 no salimos de allí.


Tras esto nos llevaron a comer a una isla que poseía las infraestructuras justas: un pequeño restaurante para dar de comer a todos los turistas, y algunas sillas y sombrillas de alquiler para el personal en la playa. La comida, compuesta del típico plato combinado de arroz, ensaladas y un buen pescado frito, estaba incluida. Después nos dejaron tiempo libre y nos dedicamos a pasear por la orilla, alejándonos de la zona donde había mayor concentración de turistas.

Fue así como encontramos un sitio del que nos habría gustado disfrutar por más tiempo.

A unos 15 minutos caminando por la orilla había un camping con apenas infraestructura y casi vacío. Era el sitio ideal para haber pasado una noche alejados de todo y contemplando las estrellas en la isla mientras le bajábamos los humos a una buena cerveza. Jose y yo nos planteamos la opción de quedarnos esa noche y pedir que nos llevarán a Cartagena al día siguiente -hay servicio de taxis que te llevan de Cartagena a la isla directamente a un precio mucho más barato que los tours- pero estábamos sin dinero. Una pena, porque no teníamos días para volver.

Durante el paseo conocimos a un colombiano que vendía figuritas de piedra y nos contó que había pasado un par de años en una cárcel española. Cuando le preguntamos el porqué, nos comentó que era piloto de barcas a motor que pasaban inmigrantes de África a España. Al final le pillaron y, a los dos años, fue expatriado. La verdad es que el tío era cojonudo y no fue el único que conocimos que nos pudo contar su experiencia en las cárceles españolas. Todos ellos tenían una situación desesperada cuando se decidieron a hacer las cosas por las que después cumplían condena y nos parecieron muy buena gente.

En la playa se pasean muchas mujeres con un cubito de agua que empezarán a intentar masajearos para cobraros después el importe total de un masaje. Aunque son un poco demasiado insistentes, debéis poneros en su situación y ser pacientes e incluso acceder a daros el masaje. Muchas de ellas habitan en aldeas en el interior de la isla, se dan caminatas de horas para llegar a ese punto turístico y ésta es su única fuente de ingresos. La verdad es que yo reaccioné muy cortante al principio porque el guía nos puso sobreaviso, pero cuando una de ellas nos contó su historia personal, el tema es triste.

Lo que sí que es un timo es el tema de los que te dan a probar una ostra -o vieira o algo así- que llevan en cubos. Te dicen que es gratis, un souvenir, pero si la comes prepárate a pagar 1 pesos o incluso más por cada una. Es el timo más extendido hacia los turistas y siempre hay alguien que pica.

A eso de las 4 de la tarde y después de un buen bañito, nos convocaron a todos para ir volviendo hacia Cartagena. A las 5.30 llegábamos a puerto después de un día muy entretenido.

Sin duda recomendado para los que tengan algún tiempo de sobra en la ciudad.

Video: Islas del Rosario y Barú. Cartagena #5. Próxima Parada (Junio 2022).

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